#LaColumna | Con la salud no, presidente

Columnas

La implementación del Instituto de Salud para el Bienestar ha inicidado con grandes tropiezos, con reglas que no son claras y cuyo inicio está marcado por la imagen de niños con cáncer y sus madres manifestándose para exigir los medicamentos que deberían salvar la vida de los pequeños pacientes.

Que el Seguro Popular estaba plagado de corrupción, de ineficiencia, de opacidad, es cierto; que era necesaria una limpieza profunda, quizá una renovación y por supuesto una importante inyección de recursos, es cierto, nadie en su sano juicio podría negarlo, pero de ninguna manera era la institución que merecía un manotazo para la destrucción completa.

El Seguro Popular ha sido en la historia reciente quizá la única política pública en México que mereció reconocimiento mundial, como no ha habido en ningún otro rubro,; y lo fue en la salud, la principal preocupación de las familias.

El comentario lo hago desde el seno de una familia en la que dos pacientes de cáncer fueron atendidos correcta y exitosamente en el Seguro Popular y cuyos tratamientos consecutivos no podría solventar ninguna familia de clase media.

Y precisamente, la mayor preocupación con la destrucción del Seguro Popular y el nacimiento del Insabi es que contempla solo la atención en primero y segundo nivel, mientras que la de tercer nivel (aquella que representa los casos de salud más críticos) queda fuera o según la disposición, es decir sólo si el hospital tiene medicina y espacio...¿se imagina?

Durante el año y casi dos meses del gobierno de Andrés Manuel, se han hecho anuncios que para algunos podrían parecer disparatados y para otros merecen el beneficio de la duda, darles tiempo para ver los resultados, pero todos sin excepción, defendidos a capa y espada por sus seguidores.

El gobierno de AMLO ha enfrentado situaciones que en cualquier sexenio del PRI o del PAN hubieran representado crisis tan fuertes que no permitirían retomar el rumbo.

El mandato de Peña Nieto era uno antes de Ayotzinapa y nunca se pudo recuperar, menos cuando se destapó la escandalosa corrupción de la casa blanca.

Y antes, Felipe Calderón quedó marcado por las muertes que sobrevinieron a su "guerra contra el narcotráfico".

Si ellos se hubieran enfrentado al Culiacanazo, la masacre de Lebaron, los escandalos sobre corrupción de colaboradores cercanos, la intromisión en instituciones, la cantidad de muertos en su primer año de gobierno que ha superado a todos los anteriores, entre otros, la popularidad del presidente se desplomaría tal como les ocurrió en sus momentos, sin embargo la aceptación de Andrés Manuel se mantiene intacta, si no se quiere reconocer que ha crecido.

Pero ¿ocurrirá lo mismo cuando lo que está en juego es la atención médica? ¿la salud? o en algunos casos ¿hasta la vida?...

Con la salud no, presidente.  La implementación del Insabi deberá corregir el rumbo lo antes posible y garantizar por lo menos, la atención que si bien era deficiente, ya se brindaba con el Seguro Popular.

En esta ocasión, la liga se está estirando al máximo y creo que es, la jugada más arriesgada de López Obrador para continuar con su concepto de Cuarta Transformación.

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